Y así es como pasó. Un día iba caminando y me di cuenta de que estaban todos muertos. Inconciente pero exacto, todos muertos... Todos desgarrando su espíritu, su calma, su vida.
Los celulares, los saquitos nuevos, los zapatos de taco alto, algunos ejemplos de objetos que adquirimos y por los cuales nos dejamos absorber. No nos pueden salvar, ni esta pc, ni ese auto que en la esquina se anuncia y pide el paso con un fuerte bocinaso. Es toda una satisfacción de primer instancia. Mañana o pasado mañana no es nada mas que un día de pago, el día de cuentas nuevas. El presente se trata de adquirir, de poseer, de estar satisfecho y feliz hasta que llegue el momento de poner las cartas sobre la mesa, de pesar las monedas. Unos billetes menos en la billetera, mas o menos que el mes pasado en la misma fecha. Somos seres que miden constantemente el nivel de dinero y posesiones que tienen. Atrás quedaron las malas épocas en las que importaba conseguir los recursos mínimos de vida, de existencia. Esos recursos pasaron a ser un estorbo en las reales y actuales necesidades. Comer menos para ahorrar mas, y tener el Ipad que se anhela. Comprar menos libros y mas pantallas que lean por nosotros. Canales y periodistas que desinforman, políticos y maestros que mienten, que inventan una nueva historia para adaptar sus mentiras.
Ese día empecé a ver que era necesario hablar, era necesario que nadie me tape la boca. Es necesario porque una palabra que uno no dice, sea quien sea que haya entendido que no es necesario el sentido común cotidiano para ver bien, esa palabra puede cambiar un día de grandes quilombos en el centro de la ciudad, o el llanto de un nene porque no lo llevan a comer mierda en McDonalds. Una persona sin importancia como yo, no debe callar nada, porque siempre habrá alguien que confíe en la insensatez de un o una "Don Nadie", y que escuche, que coincida (o no), que charle, aplique métodos, y termine por contarle a otro las acciones que ejecuta para que no la pisoteen esos que Si abren la boca al divino botón. Si cualquier idiota con cara de bueno y con muchos billetitos en el bolsillo, puede abrir la boca para decir cosas previamente aprendidas, y que siguen una estrategia preestablecida, entonces el Don Nadie que soy yo o el que es este lector con ansias de hablar, puede decir tanto como quisiera, puede quejarse, puede discutir y opinar, puede modificarse, ser escuchado o leído, o puede resignarse como hoy lo hace el 80% de la población mundial, a actuar cabizbajo siguiendo las ordenes, siguiendo el transcurso de los acontecimientos y dejándolos pasar, siguiendo el recorrido del látigo que cae sobre sus hombros. Por ello aconsejo, al que alguna vez lea esto, que no sea ese muerto, y que no deje el látigo caer. De nada sirve decir "yo no puedo hacer nada por el mundo, es demasiado grande y yo demasiado pequeño". No hay que olvidar que de la nada, nace el todo, y que siempre alguien escucha detrás de la puerta, las palabras que estamos dispuestos a dedicar, las que pueden cambiar ese todo o que siquiera, pueden intentarlo.
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